Del fútbol y la humana condición …

sisi escribió esto a las 20:15

1937. Teruel. Un tiempo de guerra, marcado por el ritmo de continuos avances y retrocesos en el frente, queda escamoteado cuando un pequeño grupo de soldados de ambos bandos deciden jugar un partido de fútbol y recuperar, en lo que parece ser un instante eterno, su condición humana.
Sabemos que ese partido tuvo lugar gracias a la existencia de una fotografía bastante borrosa (1) que se ha publicado recientemente en un coleccionable de periódico. De ella no cuentan mucho. Quizá fuera la primera plana de un diario más allá de los Pirineos, cabe la posibilidad, incluso, de que fuera una foto “amañada” (no sería el primer caso dentro de la Guerra Civil) o quizá sólo pretendiera ser un testimonio, ahora mudo, que se nos presenta ante nuestra mirada, entre sorprendida y distante, y que nos hace ser muy conscientes de repente de una enorme fragilidad. De una fragilidad que sólo es propia del simulacro.

194?. Auschwitz. Un superviviente de los campos de concentración narra (2) como tiene lugar un partido de fútbol entre miembros de las SS y representantes de una brigada del Sonderkommando (los presos asignados a las tareas de eliminación de sus compañeros, así como de clasificar sus restos, limpiar los hornos …) Lo que podría parecer un instante de humanidad en el campo, no es otra cosa que la máxima expresión de la vergüenza: los SS y el resto de la cuadrilla asisten al partido apostando, riendo y animando a los jugadores ante la mirada silenciosa de los testigos. Una mirada que aguanta aquel sinsentido, no sin rubor, con la firmeza del que se sabe en la obligación de recordar, de contar lo sucedido.
Pero dentro del campo hay quien no mira, ni recuerda, ni aprieta los dientes, ni odia, ni ama … es el llamado “musulmán” (3), aquel que parece haber quedado fuera de toda condición humana, que se pasea tambaleándose por el lager, que sólo piensa en comer, que se defeca encima, que está, en la mayoría de los casos, a un paso de la muerte. La misma mirada que se dirigirá firme hacia aquel partido, cruel y vergonzoso, se apartará rápidamente del “musulmán”. Su imagen es, sin duda, insoportablemente real.

2006. Tenerife. Otro cayuco llega a puerto. Sus ocupantes, hambrientos y exhaustos, sacan fuerzas para preguntar ante las cámaras qué equipo de fútbol ha ganado finalmente la Copa de Europa. Cuando se les contesta que ha sido el Barcelona, se oye un aplauso y un rumor de aprobación. Un joven, en primer término, luciendo una camiseta azul-grana, sonríe ampliamente. Su sonrisa es segura. Teresa Fernández de la Vega ha dicho, ese mismo día, que aquel que venga de fuera que no pueda entrar en condiciones de igualdad con los que están dentro, simplemente no podrá entrar o será devuelto a su lugar de origen. Ajeno a ese o a cualquier otro discurso, el joven sigue sonriendo y hace a la cámara un gesto con la mano, pulgar hacia arriba: el Barça ha ganado, yo también me alegro, soy como vosotros. Aquel gesto, pulgar hacia arriba, nubla por un instante la miseria, el hambre, el SIDA … ya no le dejaremos fuera, ya no apartaremos de su rostro nuestra mirada, ahora le recordaremos -humano, por fin- sonriendo, de azul-grana, pulgar hacia arriba. El plano dura apenas unos segundos.

Dice Agamben (4) :

“Si no llegamos a comprender ese partido, si no logramos que termine, no habrá nunca esperanza…”

Pero, para mí, hay algo en la condición humana que se escapa, siempre se escapa …

Notas:

(1) “La mirada en el tiempo”. Memoria gráfica de la historia y sociedad españolas del siglo XX. Tomo 4: La Guerra Civil II. Ed. Diario El País Madrid 2006.
(2) Giorgio Agamben. “Lo que queda de Auschwitz” Ed Pre-textos. Valencia 2000
(3) Se puede ver aquí una descripción más detallada de lo que se entendía por “musulmán” en los campos de concentración nazis.
(4) op.cit p. 25

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6 comentarios en “Del fútbol y la humana condición …”


  1. Ana* dice:

    Al menos tratas de entender.


  2. Ana* dice:

    Me ha quedado críptico el comentario. Quería decir que me temo que yo ya no.

    Y, por cierto, me has recordado la bellísima anécdota de la tregua espontánea en la I Guerra Mundial, en la Navidad de 1914; supongo que la conoces; si no, un par de enlaces: en español y en inglés.


  3. sisifodichoso dice:

    Bueno, más que intentar entender es un pensar en alto, y expresar mi desconcierto.
    No conocía esa anécdota pero, la verdad es que no hace más que aumentar mi incompresión.
    No entiendo cómo se puede jugar un partido de fútbol o cantar un villancico con una persona a la que puedes matar mañana.
    O mejor, no entiendo como se puede disparar contra una persona con la que has estado jugando al fútbol el día anterior.
    Por eso esos pequeños “islotes de humanidad” son, para mí, tan frágiles …


  4. Ana* dice:

    Bueno, yo es que en esta cuestión soy quizá muy simplista: en principio, y generalizando demasiado (hay excepciones, hay casos, etc.), somos buenos mientras no nos aprieten las tuercas; entonces, ya no. Hubo un antes y un después en mi concepción del ser humano tras leer el experimento de Milgram. En fin, quizá mejor me callo, que cuando me pongo a hablar sobre la naturaleza humana acabo poniéndome cínica. Me sale así . :?


  5. Cruzul dice:

    Hola:
    Yo tuve nis sospechas en el colegio, una confirmación muy dolorosa cuando hice el servicio militar (hablo de conocimiento no como queja), y en eso estaba pensando cuando leí el experimento de Milgram que puso Ana, y esa fué la lección.
    Explica a mi entender el partido de fútbol o cualquier otra distración para la eternidad: un poco de luz. Y vuelvo a un post tuyo anterior, Sisifo, Somos luz, que también me gustó. A día de hoy para mí todo se reduce a eso: un frágil equilibrio (o no) de luz y oscuridad.

    Los momentos de menos luz los vivimos así, oscuros, y los de más luz como muy luminosos (sé que reitero).


  6. sisifodichoso dice:

    A mí, que no he hecho la mili y soy una ingenua de narices, el experimento de Milgram me ha puesto los pelos de punta …
    Me ha sorprendido mucho más que otro que narran de la cárcel de Stanford., porque siempre he desconfiado del comportamiento en grupo, pero el de Milgram sí que duele …
    Curiosamente Agamben habla de una “zona gris” que yo creo que define bastante bien el desconcierto en el que me muevo ahora … bueno tampoco es que me haya caído de un guindo ahora mismo pero vamos … más o menos…